El queso es un infaltable en muchas celebraciones y recetas, ya que son deliciosos y se consideran una una gran fuente de proteína. Sin embargo, no todos son para todos.
La intolerancia a la lactosa no es una enfermedad como tal, pero sí puede hacernos sentir enfermos sobre todo cuando consumimos directamente leche, mantequilla o cremas.
En el proceso de fermentación de un lácteo, parte del azúcar de la leche o lactosa, se convierte en ácido o queda en el suero al separarse el sólido del queso. Si el queso tiene más tiempo de madurez, más tiempo tienen las bacterias para seguir pre-digiriendo el azúcar, eso explica porque digerimos mejor un queso de mayor madurez.
Aparte de deliciosos, los quesos de oveja se toleran mejor al contener una leche con menos lactosa, aunque tienen mayor contenido de materia grasa. Hace un tiempo era muy difícil encontrar productores en Chile, pero ahora hay variedades que vale la pena probar para dar un toque gourmet a ensaladas, desayunos o postres.
Le siguen en tolerancia el queso de cabra con gustos más bien fuertes y finalmente, el queso de leche de vaca, que es el menos fácil de procesar, pero si aún así te gusta comerlo, procura que sea más bien maduro.
Ahora, si eres quesera de corazón, pero tu intolerancia es muy fuerte, puedes optar por opciones sin lácteos, como la marca Pepilú que tiene variedades con espirulina o castañas.
Es importante aclarar que cada intestino es un universo y así también con las intolerancias Lo que algunos digieren mejor, para otros puede ser imposible. Es clave aprender a escuchar la reacción de nuestro cuerpo a cada alimento.
¿A ti, cuál te gusta más?
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